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Die Welt ist aus den Fugen – Der Tagesspiegel

Los indignados salen de Tel Aviv y ganan la periferia de Israel


Los indignados salen de Tel Aviv y ganan la periferia de Israel

Decenas de miles de personas se manifiestan por la justicia social.- Es la primera vez que el movimiento de los indignados sale de las grandes ciudades y que la minoría árabe participa en la protesta

http://www.elpais.com/articulo/internacional/indignados/salen/Tel/Aviv/ganan/periferia/Israel/elpepuint/20110813elpepuint_9/Tes

Iglesia, Comunidad y PP critican la marcha laica que pasa por Sol

Standard & Poor’s priva a EE UU de la triple A


La deuda de Washington deja de ser considerada por primera vez el valor más seguro . -Moody’s no descarta un posible recorte de la nota

http://www.elpais.com/articulo/economia/Standard/26/Poor/s/priva/EE/UU/triple/elpepueco/20110806elpepueco_2/Tes

indignados 02.08.11 – galería de fotos

Los “indignados” llegan a Wall Street – euronews

Mass protests in Israel over high prices – ALJAZEERA

Mobilisation inédite des Israéliens contre la hausse du coût de la vie – FRANCE 24

Más de 100.000 indignados se echan a la calle por todo Israel


http://www.elpais.com/articulo/internacional/100000/indignados/echan/calle/todo/Israel/elpepuint/20110731elpepuint_3/Tes

Más de 100.000 indignados se echan a la calle por todo Israel

Es la crisis interna más grave de los tres años de legislatura de Benjamín Netanyahu. Ni sus promesas de reformas, ni los incentivos a la vivienda prometidas por el Gobierno contentan a estudiantes y jóvenes profesionales que piden “justicia social y no caridad”

ANA GARRALDA | Jerusalén 31/07/2011

Una masa de gente de unas 100.000 personas tomó ayer las calles de varias ciudades de Israel para exigir un cambio radical en las políticas sociales y económicas del Ejecutivo de Benjamín Netanyahu, e incluso un relevo del primer ministro.

Bibi, como se conoce a Netanyahu, fue el protagonista de muchas de las pancartas que pudieron verse anoche en las siete ciudades del país que atendieron la convocatoria realizada a través de Facebook por una estudiante desahuciada de su vivienda. Desde la enorme Tel Aviv, pasado por la norteña Haifa (con entre 8.000 y 10.000 manifestantes, según las diferentes fuentes) hasta la urbe más desértica del país, Beer?sheva, que protestaba hasta “siete veces”, según rezaban algunos carteles, sirviéndose del nombre de la ciudad para hacer un juego de palabras (sheva significa “siete” en hebreo)

Netanyahu no da con la fórmula; tampoco su ministro de Hacienda, Yuval Steiniz, que ya ha recibido las reprimendas del primer ministro, que no cesa de pedir a su Gabinete fórmulas infalibles y rápidas para terminar con la crisis interna más grave que vive desde que asumió el cargo en 2006. Ni las 10.000 nuevas viviendas para estudiantes prometidas por el Ejecutivo, ni la rebaja del 50% en el precio de los terrenos públicos que salgan a concurso, parecen contentar a los indignados. En este fin de semana de protestas se les unieron en Jerusalén, además, los gays, que celebraron su desfile anual, y los médicos, que mantienen su propia batalla con el Gobierno debido a la creciente precariedad de la sanidad pública.

“Los servicios sociales no son un lujo”, se leía en una de las pancartas en Tel Aviv, mientras se oía de fondo el escenario donde actuaban músicos y cantantes de renombre. Exigía lo que para muchos ciudadanos israelíes es un derecho en una sociedad acostumbrada históricamente a una política intervencionista y que observa, impotente, cómo se dispara el precio de la gasolina o de productos básicos como la leche, la mantequilla o los yogures (su precio es un 36% más caro que en Estados Unidos, Reino Unido o Australia, según un estudio publicado en julio por la organización de consumidores israelí, Imán Hatzibur)

Pero el caso más sangrante es el de la vivienda. En los últimos tres años, su incremento ha sido del 250% en ciudades como Tel Aviv frente a una subida salarial irrisoria del 1%. “La economía crecerá este año un 5%, nos dicen, pero nosotros, la clase media, no sabemos dónde va”, comenta Gabriel, un universitario que asegura estar decidido a no cerrar su tienda, en Jerusalén, hasta que el Gobierno le dé una solución.

Marchas multitudinarias por todo el país a las que por primera vez en 16 días se les unieron ciudadanos árabe-israelíes y donde empiezan a tomar fuerza lemas contra la ocupación militar de Cisjordania y a favor de la solución de dos Estados.

Una protesta convocada por Facebook

Ninguno de los miembros del Ejecutivo israelí ni de la oposición imaginaron hace dos semanas que una protesta que empezó con una convocatoria en Facebook de una estudiante desahuciada de su vivienda se convertiría en el quebradero de cabeza más importante para el Ejecutivo.

La jefa de la oposición y líder del partido Kadima le pedía este sábado al presidente de la Knesset, Rubén Rivlin, que cancelara el tradicional periodo vacacional de agosto. “No está el horno para bollos” decía Livni en el Canal 10. Rivlin anunció que la comisión parlamentaria de vivienda e infraestructuras debatirá la conveniencia de prorrogar el período de sesiones estival mientras duran las protestas.

Y, mientras tanto, comienzan las primeras bajas en el Gabinete de Netanyahu. Hoy domingo ha dimitido el director general del Ministerio de Hacienda, Haim Shani, por desavenencias con el ministro Steiniz. Incluso, el reputado presidente del Banco Central de Israel, Stanley Fisher ha dicho que mañana lunes comparecerá ante los medios para analizar la situación y ofrecer posible soluciones.

Un aperitivo del debate sobre Palestina en la ONU


Un aperitivo del debate sobre Palestina en la ONU

El enviado de la ONU, Robert Serry, ante el Consejo.

Cuando llegue septiembre y la Asamblea General de Naciones Unidas habrá muchos temas en la agenda, pero ninguno va a desatar tanto debate ni posiblemente a probar los límites de la diplomacia como el de Palestina y su apuesta por ser reconocido como estado por el organismo. El martes, como una especie de aperitivo para ese plato fuerte, el Consejo de Seguridad de la ONU, presidido este mes por Alemania, celebró un debate abierto sobre “la cuestión palestina”. Y tanto los discursos encontrados como las declaraciones posteriores a la prensa del enviado especial de Palestina, Riyad Mansour, y del embajador israelí ante el organismo, Ron Prosor, confirman la disparada tensión (en una relación donde se puede hacer impensable que quede nada más por enconarse).

Muchas cosas están aún en el aire. Aunque hay estipulados unos calendarios que habrían obligado a los palestinos a enviar una carta al Secretario General para mediados de julio y a iniciar para el 10 de agosto un proceso en una comisión para recomendar la cuestión a la Asamblea General, ha quedado ya claro que esos límites pueden saltarse y Mansour aseguraba que si el último país en ser reconocido en la ONU (Sudán del sur) solo necesitó cinco días, ellos podrían mover la burocracia en tres.

El enviado palestino, Riyad Mansour, tras la reunión.

No, lo que preocupan no son los calendarios. Hay un debate mucho más profundo y vital: qué pedir en la ONU. La opción más barajada es reclamar al Secretario General de la ONU el reconocimiento pleno, pero eso obligaría a que el Consejo de Seguridad tuviera que decidir sobre el asunto antes de que la Asamblea General pudiera votar. En la Asamblea posiblemente Palestina conseguiría los necesarios dos tercios (128 países), pero EEUU ya ha dejado claro, como recordó el martes su representante en la reunión, Rosemary DiCarlo, que Washington vetará en el Consejo cualquier intento de acometer “campañas unilaterales en la ONU”. Su opinión, que es la que Obama también ha manifestado, es que “el único lugar donde se pueden resolver las disputas es en negociaciones bilaterales entre las partes, no en los foros internacionales”.

Ante la conciencia de ese bloqueo, Palestina podría tomar otras opciones. En la ONU se rumorea que podrían estar preparando un texto que repita casi al pie de la letra la propuesta que hizo Barack Obama (dos estados según las fronteras anteriores a 1967 con intercambios de tierras) para colocar a EEUU en la incómoda posición de vetar su apoyo a lo mismo que defendió el presidente (que además el año pasado, en su discurso ante la Asamblea General, mostró su esperanza, que se ha demostrado ilusa, de que para este septiembre las negociaciones de paz hubieran avanzado hasta permitir la aceptación de Palestina en la ONU). Y queda la posibilidad de intentar el reconocimiento no como miembro de pleno derecho, sino como “estado no miembro observador”. Los 16 países que han pasado por ese estatus (sin tener en cuenta al Vaticano, que lo mantiene) han acabado convertidos en miembros de pleno derecho.

Ron Prosor, embajador de Israel, durante su intervención.

Mientras se dilucida qué hacer, Mansour puso sobre la mesa otra vía: intentar poner en marcha una versión palestina de la primavera árabe, sacando a miles de personas a la calle reclamando el reconocimiento. “Por ejemplo, si el pueblo palestino decide en un futuro muy cercano que esta batalla por terminar la ocupación y obtener la independencia es la batalla de todo el pueblo palestino y cientos de miles de personas toman las calles de forma pacífica, como estamos viviéndolo en la primavera árabe, y siguen repitiendo ese grito en cada ciudad y cada pueblo de la Palestina ocupada… Entonces, ¿cuál sería el argumento de nadie, nadie en el Consejo de Seguridad, para ponerse en el camino de los intentos del pueblo palestino por adquirir la legítima aspiración de convertirse en un país de pleno derecho en las Naciones Unidas? No estamos ahí todavía pero marchamos en esa dirección”, proclamó en su intervención en el Consejo.

“El camino de la admisión puede ser la vía rápida o puede tomar un desvío local”, aseguró también Mansour, “pero nuestro objetivo final seguirá siendo la admisión en Naciones Unidas”.

Septiembre, sin duda, va a estar caldeado en Nueva York.